El trabajo a temprana edad
El trabajo a temprana edad.
Una parte que tiene amor-odio en mi vida, la verdad.
No me siento importante por haberlo hecho, la verdad. No soy especial; ahí afuera hay gente que lo hace y todavía de grande sigue trabajando.
Yo solo soy un número más en todo eso.
Sinceramente, el trabajo desde joven forja determinación, resiliencia, si así quiere verse, pero la verdad quita más de lo que puede dar: quita años de vida, tiempo, espacio, juventud que tanto se necesita, quita lo bello de la vida. Esos primeros años siempre son los mejores para ser vividos.
El trabajo da madurez, pero no debería ser necesario para esas edades.
Véase así, como si fuera un árbol que crece desde las heladas: cuesta al principio, pero con el tiempo se vuelve alto y firme; pero como todo criado desde el frío, cuando llega el calor no puede dar flores ni hojas.
Algo así podría decir que fue mi infancia. No me obligaron, la verdad; yo solo me obligué a hacer todo, me forjé en el cansancio del trabajo. Esa mochila pesada de obligarme a madurar a temprana edad me hizo perderme de lo que era la vida: la niñez.
No comparto la idea del estoicismo de que uno aprende a lo que está bajo su control y no; ellos explican que uno, al madurar antes, toma mejores decisiones.
Yo no las tomé. Sinceramente, a veces parece que sigo siendo el pequeño de 7 años que no sabía hacer nada, porque me veo siendo principiante en la mayoría de trabajos, a pesar de tener años de experiencia.
La verdad es que viví demasiado rápido, pero no he avanzado en nada realmente. Con solo 22 años ya estoy cansado; sí es verdad que me ayuda a saber la importancia del dinero y el bienestar económico, pero ¿es necesario hacerlo a ese punto y perderse años de vida y desgaste físico para lograrlo?
El mejor consejo que se le puede dar a alguien que haya vivido algo así es: ya hiciste lo necesario. Antes que muchos, necesitás descansar. No tenés nada que demostrar, ni a vos ni a los demás.
Fuiste fuerte antes de lo debido y eso merece un orgullo.
Te merecés descansar, jugar, equivocarte y aprender.
Porque no pudiste hacerlo cuando era el momento, pero nunca es tarde para dejar descansar al niño. Tenés que tener en cuenta ese pasado para no desgastarte en el presente, poder reconciliarte con esa etapa y disfrutar la vida, porque, a pesar de haber sido dura con vos, no es necesario que te marque y golpees igual de fuerte de lo que hizo ella.