Recaídas
Una recaída es algo «complejo», si se lo puede llamar así. Porque cuando algo recae puede ser algo bueno, algo gracioso, algo malo; incluso puede llevar a la muerte. Obviamente, uno siempre ve cuando la recaída es tan grave, pero es bastante raro cómo aparece una recaída. Una recaída nunca avisa. La verdad es que todo, visto desde una perspectiva lógica, recae. Un lápiz sobre la mesa recae, una persona tranquila recae, una comida mal hecha recae, una persona enojada también recae. Lo difícil de la recaída es justamente saber cuándo uno recae, porque uno solamente sabe que ha recaído cuando está en el punto más bajo de la recaída; uno no siempre recae en los peores momentos. Como dice la famosa frase: «El hilo no siempre se corta por lo más delgado». Por eso a veces aparece en algún momento feliz o incluso cuando uno está verdaderamente tranquilo. Eso es lo que hace enojar en el momento: saber que uno no puede escapar de sentirse mal. Pero tampoco se puede obviar lo que estás sintiendo siempre, porque la recaída es peor. A veces esa recaída viene acumulándose durante años y uno no se da cuenta porque se concentra en el presente y olvida algunas cosas, porque así funciona la mente humana. Tampoco sirve el consejo de aquellos que no están en una recaída, porque aunque sí conozcan el sentimiento de estar en una recaída, por alguna razón cualquier consejo es totalmente mínimo y no va a ser escuchado por el receptor. Además, no todos recaemos por lo mismo, y a veces es raro porque sabemos lo que se siente, pero no podemos expresárselo en palabras útiles. Pero sí funciona el acompañamiento. A veces tener a alguien ahí es un buen pasatiempo para poder hablar un poco, más no esquivarlo. También es gracioso y hasta algo malévolo el hecho mismo de recaer por cosas del pasado, porque a veces uno se siente mal de golpe y no sabe por qué está raro, porque ya olvidó esas cosas, o a veces lo sabe pero cree que ya superó esas cosas. Como digo, es difícil saber cuándo pasará y, al mismo tiempo, es difícil saber cuándo se saldrá. Porque puede pasar mucho o pasar poco. Es algo tan común que siempre pasa; hay buenas épocas, después hay malas y después hay buenas, y el ciclo parece que se repite así infinitamente, lo que hace que personas como yo tengan una visión tan mala sobre todo. Porque tenemos la esperanza de ver llegar la recaída, aunque sepamos que es imposible. El golpe que no ves es el que te derriba. Si yo tuviera que decir cómo salir de una recaída, la verdad es que hay que enfrentarlo; no hay otra forma. Todo acto que implique distracción empeora o alarga el sufrimiento, porque lo único que estás haciendo es evitarlo; podemos poner como ejemplo cuando uno sale de una relación: sea el motivo que sea, debe tener un tiempo óptimo para superar esa recaída, porque si uno, al segundo de terminar, va a buscar otra pareja, repetirá el ciclo de dolor dado que nunca terminó de superar todo el pasado. En resumen, una recaída no es la muerte de nadie, siempre va a pasar y no se puede cambiar eso, pero lo que sí podemos cambiar es cómo actuamos en ese caso y cómo lo superamos; eso es lo más importante. No hay que tenerle miedo a cómo nos sentimos; solo debemos darnos un momento para saber cómo llegamos hasta ahí y cómo podemos salir, porque siempre va a haber un modo de volver después de una recaída.