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¿Morirías feliz?

¿Morirías feliz?

¿Si murieras hoy, morirías feliz? Es una pregunta incómoda de esas que normalmente preferiríamos esquivar. Porque da miedo mirar en retrospectiva y mirar hacia dentro.

Vivimos los días en piloto automático, ocupándonos de cosas que el año que viene no van a importar, postergando conversaciones, abrazos y decisiones por miedo al que dirán. Nos convencemos de que siempre habrá un mañana para empezar a vivir, convenciéndonos de que siempre habrá otra oportunidad, pero el presente es lo único que nos pertenece.

¿Si hoy fuera tu último día, te irías en paz con lo que construiste, o te darías cuenta de que te faltó apegarte a ser tú mismo?

A veces solo necesitamos una pregunta incómoda para reflexionar en quienes somos o en quienes queremos ser. A veces la vida se nos escapa entre los dedos esperando el momento perfecto, recordando viejas historias del pasado e intentando encontrar consuelo en quienes fuimos alguna vez.

Tal vez mueras mañana y no quedará nadie que te comprenda; quien fuiste realmente no va a saber tus inquietudes o tus logros. No sabrá lo que sacrificaste en el camino.

Alguna vez le dije a un buen amigo que busque algo por lo que pueda morir y viva por eso. Porque la vida es una desgracia, es hastío y está llena de incertidumbre, pero vale la pena ser vivida; y cuando llegue el momento, ver a la muerte y tener parte de la certeza de que lograste lo que te hayas propuesto.