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Exigencia

Exigencia

Hay un sentimiento para mí, difícil de explicar, pero entiendo que les pasa a muchas personas. La gente se exige demasiado. Reconozco en que soy exigente conmigo mismo, alguien que a veces ve las cosas perfectas y siempre encuentra un imperfecto, demasiado detallista, nunca lográs ver algo como un logro. La verdad es que no es no estás cansado de hacer demasiado todo el tiempo, estás cansado de exigirte ser la mejor versión de quien sos. Es un cansancio que no se explica por la cantidad de cosas que hiciste, sino que por la presión constante de hacerlas bien. De hacerlas mejor, de no parar porque siempre hay algo más. La insistencia en el rendimiento y en lo que vemos en redes sociales nos enseña que siempre podés optimizar un poco más, que podés ser más productivo, que podés estar más presente, más sano, y el cuerpo pasa factura, la mente sobre todo, pasa factura. Sí, tenés que permitirte no ser perfecto en todo. Para esas personas no hay términos medios, o lo hacés de la mejor manera en la mejor de las formas o no hagas nada, vivimos en una ansiedad constante sin oportunidad al fallo. Convencidos que esa oportunidad no va a volver a repetirse, cuando la verdad es que siempre hay un mañana, no podés exigirte en todo, no todo es una competencia, a veces es necesario conformarse con poco y sentirnos satisfechos con eso. Crecimos con la sensación de que teníamos que ser excepcionales. "No alcanza, solo con vivir, hay que hacer algo con esa vida" Pero, ¿por qué? Te olvidás de lo más importante, tu salud mental y física. Quizás una de las primeras heridas de la adultez es descubrir que no podemos ser excepcionales como creíamos, y luchamos por ser. Y que quizás una vida no necesita ser extraordinaria para ser disfrutada profundamente.